Mir, el hessiano - Lydia Davis


Mir, el hessiano, lamentó haber tenido que matar a su perro, lloró mientras separaba su cabeza del cuerpo, pero ¿qué más podía comer, fuera del perro? Congelándose sobre la colina, lejos de todo el mundo.
Mir, el hessiano, maldijo mientras se arrodillaba en el suelo rocoso, maldijo su mala suerte, maldijo a su compañía por estar todos muertos, maldijo a su país por estar en guerra, maldijo a sus compatriotas por pelear en ella, y maldijo a Dios por permitir que todo eso ocurriera. Luego se puso a rezar: era lo único que se podía hacer. Solo, en medio del invierno.
 Mir, el hessiano, está acurrucado entre las rocas, sus manos entre las piernas, su mandíbula sobre el pecho, más allá del hambre, más allá del miedo. Abandonado por Dios.
Los lobos han esparcido los huesos de Mir, el hessiano, llevaron su cráneo hasta el borde del agua, dejaron un tarso en la loma, arrastraron un fémur hasta su guarida. Luego de los lobos vinieron los cuervos, y luego de los cuervos, los escarabajos. Y después de los escarabajos, otro soldado, solo en la colina, lejos de todo el mundo. Puesto que la guerra todavía no había terminado.

De la revista e-Kuóreo
Administran: GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO,  HENRY FICHER  y HAROLD KREMER


Lydia Davies

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