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Buenas intenciones - Saturnino Rodríguez Riverón


El optimista dijo: -Llegaremos. Ya se ven las primeras luces. Aprieta el paso.
El pesimista replicó: -No llegaré. Tengo los pies llagados, me duelen todos los huesos y cada articulación. Estoy desfallecido. Jamás llegaremos, es imposible.
El optimista repitió su exhortación para alcanzar la meta, un último esfuerzo.
El pesimista se tiró al suelo. Ya no tenía ánimos para continuar.
El optimista alcanzó las primeras casas del infierno a la mañana siguiente y no había perdido la sonrisa del triunfo cuando lo destinaron a las calderas más  cercanas.
El pesimista despertó ese día con el cuerpo triturado, y dando un vistazo a su alrededor se percató del paisaje apacible que dominaba desde allí, nubes bajas bien algodonadas, cómodas a la vista y al tacto.
Comprendió que había llegado al paraíso cuando dos seres alados lo tomaron de la mano tiernamente y lo depositaron con suavidad en sus aposentos afelpados.

De la revista digital Brevilla
Dirige: Lilian Elphick


Saturnino Rodríguez Riverón. (Placetas, Cuba, 1958).

Narrador y poeta. Ha obtenido premios y menciones en diversos concursos nacionales e internacionales. En 1999 obtiene el Premio Calendario Narrativa con el cuadernoManuscritos en papel de cigarro ( Ed. Abril, 2001): Ha publicado además Cuentos de papel( Letras Cubanas, 2007); Muchas veces mucho (Letras Cubanas, 2013 y Tres toques mágicos. Antología de la minificción cubana, Editorial Letras Cubanas, 2017.

Trabaja como periodista en la emisora Radio Reloj, de La Habana.



El infierno - Virgilio Piñera

Cuando somos niños, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en la bo­ca de nuestros padres. Después, esa noción se complica, y en­tonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos que­man -¡las llamas de la imaginación!-. Más tarde, cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a pare­cerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un te­mor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos to­davía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues, ¿quién renuncia a una querida costumbre? 

Tomado de la bitácora cultural  El jinete insomne
Edita GUILLERMO MAYR

Virgilio Piñera
(Cárdenas, 1912 - La Habana, 1979) Poeta, narrador y dramaturgo cubano considerado uno de los autores más originales e independientes de la literatura de la isla, a veces catalogado como integrante de la "literatura del absurdo".
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